Yo Soy Jesús, el Cristo, Jesucristo, el Hijo del Padre de los Cielos y Corregente del Infinito. Encarné en la Tierra y fui Jesús de Nazaret. Mis padres fueron José y María.
Te escribo esta Carta a través de Mi Hermano, el Regente del Plano del Amor de los Cielos encarnado en Alfonso de Adamuz. 
Mi  Padre y Yo Somos la Vida. Afirma “Yo Soy la Vida”, como hija, como hijo del Padre. El Padre y Yo vivimos en el Núcleo del Ser de tu alma, y de las almas de los seres cósmicos encarnados en cuerpos humanos.
Como tú, han nacido en familias de los Pueblos de la Tierra. Practicáis la religión de vuestros padres, otra, o la creencia que libremente habéis elegido. Otros semejantes dicen ser ateos al no tener ninguna religión o creencia en Dios. Entre ellos hay verdaderos cristianos anónimos, como los hay en  conocidas religiones de los Pueblos de la Tierra, pues practican lo que viví y enseñé siendo Jesús de Nazaret, aunque externamente pertenezcan a cualquier religión.
Ten presente que  el Padre y Yo tenemos Nuestra Morada en ti y en todos tus semejantes en el Núcleo del Ser de vuestras almas. No te sientas sola, ni solo. Ven y habla Conmigo, si quieres. 
Yo, Cristo, Soy la Vida en ti. Yo no soy el cristo crucificado de las imágenes esculpidas, talladas o pintadas durante siglos en la Tierra.
Yo no pertenezco a ninguna de las religiones cristianas de este Mundo. 
Tú y Yo nos conocemos desde antes de partir tú de la Eternidad.
En este Ámbito real no existe el tiempo ni el espacio. Y regresarás a la Eternidad, a la Patria de la Luz, en la Séptima Dimensión. 
Siendo Jesús de Nazaret dije ”En la Casa del Padre hay muchas moradas” . Una es tu morada. Otras son las moradas de los que partieron del Hogar, de tu Origen cósmico. Luego puedes afirmar “Yo soy un ser cósmico”, aunque ahora estés en la Tierra dentro de un cuerpo humano, como Yo encarné en el cuerpo que tuvo María en su vientre. 
El Padre y Yo Somos el Todo en Todo. Recordarás Mis Palabras cuando pases por las veredas  de los trigales, pues Yo Soy la vereda y el trigal. Yo Soy el  viento que ondula los trigales jóvenes. Yo soy la alondra que los sobrevuela. Yo Soy la madre perdiz que levanta el vuelo aleteando para que puedan esconderse sus polluelos en el trigal. Yo Soy el momento en que paseas por los trigales. Y el momento en que lees Mi Carta. 
Yo Soy la Vida en ti. 
Toma conciencia de que vivo en ti. Toma conciencia de que Yo Soy la Vida en quien está en la trinchera helada. Vivo en él. Quisiera estar en las montañas del horizonte, por donde sale el Sol, y no disparando al aire, pues no quiere disparar a sus semejantes. Sé de su angustia, de su miedo a perder la vida, y no volver a ver a su mujer y a sus hijos. 
Yo Soy la Vida en quien acompaño y consuelo mientras cose ropa al sol de la mañana. Ella siente el tronar de los cañones y los disparos. Piensa en su novio. Lo alistaron cuando pensaban casarse. Lo fusilaban si no iba al frente. 
Yo Soy la Vida en quien sintió en su corazón el dolor de los niños y de las madres llorando, huyendo de sus casas ardiendo, caminando por entre los escombros de los edificios bombardeados sin misericordia por aviones.
Gritó ¡Dios mío! mirando al Cielo, sintiendo el des-Amor sin fin que inunda este Mundo. 
Te digo que esto, y mucho más, está sucediendo en esta Tierra.
En ningún Mundo del Universo Finito existe la guerra, el dolor, la muerte, la destrucción, el des-Amor. 
Yo, Jesús el Cristo,  quiero alegrar tu ánimo, por lo que has leído.
Cuando caigan las tormentas del des-Amor sobre los Pueblos de la Tierra, recuerda que te dije: “Yo, Cristo, Soy la Alegría  que reinará sobre el caos de este Mundo. Ven a la Fortaleza del Amor. El  Padre y  Yo te esperamos.
Sabrás  entonces que no estás sola, que no estás solo en este  Mundo.” 
Ten Esperanza. Ven a Mí. Yo quiero ayudarte a llevar tu carga. 
El Barco de este Mundo está ardiendo sobre el Océano de las Causas creadas por la vieja Humanidad  durante milenios y siglos.
¡Sálvate del naufragio y sube a la Barcaza del Amor que Yo Soy, el Cristo Verdadero!  Yo Soy el Salvador. 
Te necesito puro, pura, para ayudar a salvar a cuantos  puedan  ser salvados en este Mundo en llamas. Entrégame a Mí, Cristo, lo menos bueno y lo no bueno. Yo lo transformaré en Oro Puro. De ti depende. Esfuérzate para que tu Corazón llegue a ser Oro Puro. Ama. 
Yo te irradiaré desde lo bueno emanado por tu Corazón de Oro en la medida en que tú te esfuerces en alcanzar la Pureza para ayudar a tus semejantes y a los seres y existencias de la Naturaleza.
Yo convertiré lo menos bueno y lo no bueno en Oro Puro, para que des de este Oro a tus semejantes, a la Madre Tierra, a todos los seres y existencias de los Reinos de la Naturaleza. Ama, estás en la patria del des-Amor. 
Yo, Cristo, te propongo que Me escribas una carta. Sé consciente de que estaré contigo, Yo Soy la Vida en ti. No olvides compartir Conmigo lo bueno, lo menos bueno y lo no bueno que te investigues y hayas adosado a tu alma. Sé consciente de que Yo, la Vida en ti, te estoy acompañando  en tus experiencias en esta existencia. Háblame sobre lo que has escrito como se habla con un Amigo del Alma. Espero tu llamada. 
Yo deseo encender en ti la Llama de la Esperanza, cualquiera que sea el color de la piel del cuerpo en que has encarnado. O  si elevas tus  oraciones de corazón a Dios, al Padre del Amor Infinito, en el templo, iglesia, mezquita, sinagoga o casa de oración  en que te reúnas con tus semejantes.
Yo, Jesús, el Cristo, Jesucristo, escucho tus oraciones, pues Soy la Vida en ti  y en tus semejantes. Ama para que den frutos tus oraciones. 
Yo extiendo Mis Manos de Amor sobre  todos los lugares, campos, aldeas, pueblos y ciudades de la Tierra, y sobre toda la Patria del des-Amor.
Yo dije “¡Seguidme! “, siendo Jesús de Nazaret. Y lo vuelvo a decir ahora.
¿Quieres seguirme tú?
Yo, Cristo, el Verdadero, Soy la Libertad.
Si quieres, toma Mi Mano.
Recuerda que, suceda lo que suceda en este Mundo, Yo no soltaré tu mano si tú no sueltas la Mía. Te amo. PAZ